Trabajo de vocación

Esta semana en una charla distendida con el cronista oficial de la ciudad grancanaria de Telde, Antonio González Padrón, me decía bromeando que si se acabara el mundo y llamáramos a la puerta del más allá, para entrar con aforo limitado, seguro que con la carta de presentación de historiador o periodista nos mandaban los últimos a la cola, a lista de espera y no precisamente para first class.

Si a veces no valoramos en su justa medida profesiones esenciales como la de educador o médico, que se deja para trabajos u oficios “prescindibles”.  Esta semana también visité los trabajos de intervención que adelanta un grupo de expertos en el yacimiento arqueológico de San Marcial de Rubicón, término municipal de Yaiza, en el sur de la isla de Lanzarote. Rubicón es el primer asentamiento europeo permanente de Canarias, un enclave arqueológico de alto nivel científico y patrimonial que muestra los primeros contactos entre la cultura europea y aborigen en el siglo XV.

Allí hablé con dos arqueólogas que con su sonrisa, gestos y palabras se mostraban exultantes de alegría a pesar del extenuante  trabajo de campo de siete semanas  de sol a sol abrazadas por altas temperaturas. Esther Chávez y María del Cristo González, profesoras de las universidades públicas de La Laguna y de Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente, tenían motivos para estarlo, y es que “sarna con gusto no pica”, me apuntaba una de ellas.

En la segunda fase de intervención arqueológica, junto a un equipo de trece personas, con la ayuda de distintas técnicas, como el georadar, descubrieron estructuras soterradas de hábitat y también vestigios de edificaciones utilizadas para la defensa del territorio desde la costa. Igualmente hallaron morteros y cerámica indígena del siglo VX, entre otros objetos, verdaderos tesoros llenos de información que ayudan a conocer y entender mejor la cultura, a saber cómo era la vida en otras épocas, objetos que ahora seguirán siendo sometidos a estudios científicos.

Solo un equipo de arqueólogos como el que trabaja en el yacimiento del Rubicón es capaz de explorar con la metodología adecuada sin destruir elementos e información irrecuperable. Explicaban que de las estructuras halladas todo es susceptible de estudio: el tipo de material de las construcciones, la forma en que están unidos sus materiales y cómo están alineados o colocados hasta el punto de poder identificar si en algún momento fueron reformadas.

Además de la investigación, uno de los aspectos de especial interés para los científicos es la divulgación de los resultados porque tanto las instituciones públicas como la comunidad científica y la población en general tienen derecho a saber de primera mano los avances y conclusiones de la misma.

En el Rubicón se están grabando dos documentales, uno que enseñará la trayectoria histórica de la investigación del yacimiento y otra producción audiovisual centrada en aspectos metodológicos de los trabajos de campo que deja claro que en este tipo de intervenciones son necesarias las aportaciones de personas de diferentes disciplinas científicas, profesionales, que no se nos olvide, que han invertido mucho tiempo de su vida estudiando y cultivando nuevas técnicas, es un trabajo especializado que merece ser reconocido.

La divulgación de las investigaciones está en manos de las administraciones públicas, que promuevan visitas guiadas a los yacimientos, que lleven a los científicos a los colegios de primaria y secundaria,  pero también depende de la atención y publicación de los medios de comunicación, que se ufanan a grito limpio de su interés y apoyo a la cultura y a la preservación del patrimonio, aunque luego en la práctica se frotan las manos llenando espacios de tragedia. Espero que los arqueólogos no los manden al final de la cola de ese contexto imaginario del más allá.