El mejor jugador de la izquierda

Todo muerto era bueno, dice mi madre en una frase lapidaria que tiene sus matices. Es normal que en el momento de la muerte centremos nuestras opiniones en las acciones buenas del fallecido y no en ‘El lado oscuro del corazón’, título de la película surrealista escrita y dirigida por el cineasta argentino Eliseo Subiela, no tan conocido mundialmente como el poeta, también argentino,  Jorge Luis Borges, ni venerado universalmente como el Dios Sucio, Maradona, bautizado así por su amigo y vecino del Río de la Plata, Eduardo Galeano, escritor e intelectual uruguayo.

Repaso el vídeo de Galeano, confeso amante del fútbol y profundo admirador del 10, en el que con esa voz cadente y acento que embelesa dice como quien dice ‘muy buenas’ que El Diego es mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón, “pero los dioses por muy humanos que sean, no se jubilan”.

Aparte de su faceta y trayectoria como deportista genio del fútbol, Maradona, que manejaba la zurda como ninguno, siempre se declaró políticamente como un hombre de izquierda. Se puede discutir si ha sido o no el mejor futbolista de la historia, pero es difícil discutir que haya sido el mejor  jugador (de cualquier deporte) de la izquierda.

Y no por su proclamación como soldado del peronismo o porque llevara tatuado el retrato más iconográfico del Ché, porque fuese amigo de Fidel Castro o porque abiertamente apoyara la Venezuela de Hugo Chávez, sin importarle el qué dirán, y qué va a importarle, si siempre hizo lo que le dio su real gana, sino porque nunca perdió de vista su origen humilde de casa y de jugador de potrero, ni nunca, con todo el dinero del mundo y el mundo rendido a sus pies, pretendió transformarse en un chico plástico.

Jamás dejó de ser el pibe de  barrio de Villa Fiorito y apostó por causas solidarias. Maradona alzó su voz contra las corruptelas de la todopoderosa Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), tampoco se calló para denunciar los abusos de la influyente Asociación del Fútbol Argentino (AFA), ni los atropellos a los trabajadores del deporte que no son figuras que amasan fortunas. Conectó con la gente y defendió como el central  más sanguinario de la cancha a la clase obrera del fútbol, por eso, probablemente recordemos más al Dios Limpio que al Dios Sucio.

Era el 10, pero los 10 necesitan en el campo a los 5, a los que, con perdón de los humanos, meten la pata duro en el centro, a los que hacen el trabajo sucio para que brille más el 10. Sergio ‘El Checho’ Batista lo fue en la Argentina de México 86, era uno de los picapiedras necesarios del equipo. Batista fue el primero que, con dudas,  fue a abrazar a Maradona tras el famoso gol con la mano, y el 10, más pillo que el 5,  después confesaría que “el boludo de Checho me dice: ‘pero lo hiciste con la mano’. ‘¡Callate la boca boludo y abrazame, callate la boca y abrazame!’. Y ahí me empezaron a abrazar todos”.

Hay genios que pueden ser 10 y 5 a la vez. Maradona le dedicó a Eduardo Galeano una entrañable frase cuando murió en 2015, que demuestra su admiración y reconocimiento a todo un crack de la literatura y del compromiso social. “Gracias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, también. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extrañar”.

Por la tele, vi a Maradona muchísimas veces vistiendo la albiceleste y la camiseta de los clubes donde militó. Solo vi a Maradona una vez, en vivo y en directo,  yo como espectador de un estadio, el mismo año del Mundial de su consagración cuando el equipo junior de Barraquilla (Col)  jugó contra Argentina, un mes antes de México 86, en el programa de partidos acordados con selecciones nacionales para inaugurar el estadio Metropolitano.

La primera visita fue la de Uruguay del ‘Príncipe’ Francescoli, luego aterrizaría la selección de Carlos Salvador Bilardo encabezada por Maradona y después la Dinamarca de Larsen y Laudrup, una de las favoritas para ganar el Mundial por su buen fútbol y contundencia que terminó goleada sorprendentemente en octavos por España.

Después de esa borrachera de fútbol y desfile de estrellas por Barranquilla, recuerdo, como todo aquel que le guste la genialidad de los artistas del deporte, el segundo gol maradoniano frente a Inglaterra en cuartos. Mi viejo (DEP) y yo saltamos de la cama con un vibrante “Nojooooooda”.

Parte de Argentina consideró que con la eliminación de Inglaterra y la humillación orquestada por Maradona, y diez más, se daba por vengada la derrota militar por goleada del 82 sufrida por Argentina a manos de los británicos en la guerra de las Islas Malvinas, pero el 10 rebajó la euforia apuntando que  él solo veía la victoria como un homenaje a la memoria de los pibes muertos en combate.

La vida de más de 600 caídos en una guerra inútil no se repara ni con partidos de fútbol ni con goles geniales. El Dios Sucio, que sabía de la trascendencia de sus palabras y actos, para bien y para mal, era mucho más listo de lo que creemos.

Otro gran amigo irreverente de Maradona, Charly García, emblema de la música rockera argentina y latinoamericana, se despidió del 10 con una emotiva carta pública que en uno de sus apartes pone:  “Espérame ahí... invita la casa. No te equivoques con el paraíso”.