Francisco Oramas, molinero de La Asomada

"Mi gofio es producido en la única molina que queda activa en el mundo"

"Para mí el gofio no es un producto, es nuestro sello, bandera y símbolo"

"Estamos cultivando ya los granos, tenemos bastantes semillas para que ya los granos sean majoreros 100%, algunos de ellos ancestrales"

Francisco Oramas es último molinero que queda en activo produciendo gofio en una Molina canaria en todo el mundo. Este año el Concurso Oficial de Gofio Agrocanarias ha reconocido su labor haciendo la entrega de la Medalla de Plata a la Molina de La Asomada por su gofio realizado con base de trigo. "Para mi el premio es que los clientes vuelvan y me digan lo que les ha gustado el gofio" reconoce Oramas en una entrevista para el programa 'La mañana' de COPE Fuerteventura. Francisco Oramas ha contado como comenzó esta andadura con el fin de realizar un producto como el gofio totalmente natural que pudiera ser beneficioso para la salud de las familias, recordando las palabras de su tío abuelo "te voy a enseñar a hacer gofio, no solo para que comas tú, sino también todos los diabéticos", desde ese momento, trabaja en la Molina haciendo gofio, a menudo de madrugada, y potenciando su promoción más que su producción, según el mismo afirma. Oramas hace diez años decidió vestir siempre de molinero con el fin de reivindicar este arte y la importancia que ha tenido este alimento para la historia de los canarios y los majoreros "arranqué con una pasión tan bonita que la molina ha sido mi mejor medicina".

- Recientemente ha recibido la medalla de plata en el concurso Agrocanarias 2021 por su gofio. ¿Cómo es todo el trabajo que hay detrás?

- Para mi es un honor hablar de mi gofio, que es producido en la única molina que queda en activo a nivel mundial, es un orgullo el hecho de la medalla, aunque para mi el premio es que los clientes vuelvan y me digan lo que les ha gustado el gofio. Pero bueno, es un gran reconocimiento, teniendo en cuenta que se presentaron 38 molinos los que se han presentado y que sea galardonado con una medalla de plata para mi tiene un valor bastante grande. Los premios este año han estado más regados por las islas, por lo que para los molineros significa que hay más apoyo, porque cuando sale un premio solo en una isla sola pues a veces no nos cuadra. Este año, además, se han formado los catadores que es muy importante, que son ya catadores más profesionales, porque hay que recordar siempre que el gofio nace de un arte que tristemente hemos perdido y debemos  de luchar para que no se extinga. La textura, el sabor… Antiguamente, las familias se conocían por el sabor del gofio. Cada familia tenía un sabor diferente aunque todas lo hicieran de cebada, porque en cada casa se tostaba y se cultivaba de distinta manera. El que no cultivaba compraba el grano, pero lo tostaban y cernían, que es una de las cosas que más se han perdido. No debemos olvidar este arte ni mucho menos dejarlo atrás.

- Cada vez serán menos las personas que se dediquen a ello…

- Sí, en el ámbito de la artesanía soy el único que se dedica a ello, tristemente, sobre todo porque lo hago con la molina de viento. Hay otra cosa que me hace aun más único es que tuesto el grano con una tostadora que he inventado yo, que además se puede visitar, se puede ver. Yo quiero que las familias vean como se hace el arte del gofio. Yo tuesto con leña y arena. Muchas veces sorprende. La arena sirve para quitar la humedad del grano, luego se avienta bien, se cierne y se deja enfriar de 12 a 17 horas y posteriormente lo molemos, volvemos a enfriar el gofio porque no se debe empaquetar caliente, y una vez frio se cierne y se empaqueta. Yo no vendo a grandes supermercados si no para restaurantes, museos, además hemos hecho un contrato con el restaurante ‘El Gofio’ en Madrid, que para mi es un orgullo porque no solo hacen los productos con gofio sino que cuando el cliente termina de comer se le muestra al cliente con videos como se hace el gofio para que el cliente vea lo especial de este gofio. Allí trabajando hay personas de todas las islas, incluso una majorera, y son los embajadores de las islas y hacen el trabajo con mucho cariño. Lo mismo que hacen con mi gofio lo hacen también con otros productos como podría ser el aceite majorero.

- Un producto que ha llegado hasta Madrid, ¿hay en la isla desconocimiento de lo que son las artes propias?

- Sí, de ahí que yo hace diez años me propusiera vestir siempre de molinero. Es una herramienta de trabajo más y yo visto así para defender y luchar, cueste lo que cueste, este arte del gofio. Este producto que yo hago no lo hago para vender, yo no me dedico a la elaboración, sino a la promoción, yo hago espectáculos haciendo pellas de gofio, hablando de la molina en institutos, también hago show cooking en los restaurantes u hoteles, esto ha llevado a que las familias conozcan no solo el producto sino esta pasión y esta profesión. Yo reconozco que no tengo estudios, soy el más pequeño de once hermanos y he aprendido a trabajar en mecánica y electricidad, lo que me ha ayudado a ser un buen molinero y a preservar este arte que no quiero que se pierda.

- ¿Cuándo decidió dedicarse a esto?

- Esto es una historia larga, empezó cuando cumplí los 29 años, tuve problemas no solo de salud, sino emocionales y de abandono, y de replantearme el qué hacer con mi vida, y recordé las palabras que me decía mi tío abuelo: “te voy a enseñar a hacer gofio, no solo para que comas tú, sino también todos los diabéticos”. Me agarré a eso cuando el Cabildo mandó  una carta anunciando que el Gobierno de Canarias iba a restaurar el resto de molinas que faltaron. Mi familia me animó a coger la Molina. Arranqué con una pasión tan bonita que la molina ha sido mi mejor medicina. Siempre digo que si nos agarramos a la fe y a la pasión que tengamos nos ayudará a superarnos día a día.

- ¿Siente que está escribiendo un nuevo capítulo de la historia? ¿Cuánto tiempo llevaba esa molina sin usarse?

- Sí. Existe un libro que refleja la historia de las molinas, desde quienes la inventaron hasta mi historia, como único molinero que sigue en activo. Es un libro increíble que cuenta cómo nacen las molinas que existieron por todas las islas Canarias. La molina es de tres a cinco veces más rápida que el molino y también levanta vuelo vuela a unos 20 o 30 centímetros de altura para poder aguantar las ráfagas de viento, y que la torre no se parta. Es algo que las hace única, especial, y al mismo tiempo, muy peligrosa.

- Contaba que para evitar esos peligros produces el gofio por las noches.

- Sí, de madrugada. A mi la noche es lo más que me gusta para trabajar. La historia que contaban nuestros antepasados decía que cuando había mucho viento y no había grano molido, aunque fuera pleno agosto se unían los vecinos al molinero a echar grano y a sacar los costales de gofio mientras el molinero se encargaba de la piedra. La madera cuando hay mucho calor, si no le echas agua por encima puede partirse del calor que hace, por eso se muele de noche porque la humedad es superior es a la del día. Y también hace menos ruido. El otro día se metió una racha que no llegaba a los 30 nudos, pero en la molina llegó una ráfaga a casi los 60 nudos, que se me partió uno de los hilos que sujetan la molina. Cuando hago producciones grandes como las que hago para los museos y empezará a las ocho de la mañana estaría moliendo casi hasta las seis de la tarde sin parar. Son muchos los visitantes que quieren ver la molina desde muy cerca entonces a esas horas tengo que extremar la precaución poniendo vayas y vigilando, durante la madrugada te ahorras todo eso. Lo disfruto mas porque tengo la tranquilidad de que no le va a ocurrir nada a nadie y de que el único que está corriendo riesgo soy yo, me ayuda a que el gofio sea tan bueno.

- ¿Antiguamente se molía el gofio de noche?

- Sí, de noche y de día. Antiguamente se llegaba a picar las piedras de la molina incluso una vez y dos veces al mes. Son piedras de lava autentica, que tardan mucho en desgastarse y siempre están moliendo sobre grano, pero cuando haces tanto trabajo de molienda como se hacía antiguamente cuando la mayor parte de la población canaria se alimentaba prácticamente de gofio, acompañado con cachos de queso y de cebolla, pero fue lo que alimento a nuestros antepasados. Para mí el gofio no es un producto, es nuestro sello, bandera y símbolo. Además, el gofio tiene muchas propiedades, yo trabajo con dos equipos ciclistas en la Península y ellos mismos aseguran las capacidades energéticas que tiene este alimento, que mezclan con leche condensada, miel o dátiles para hacer unas barras energéticas. Esa energía no se te va si no que sigue aumentando. Nosotros somos quienes debemos revalorizar nuestros productos, porque si fuera, por ejemplo, alemán estaría en las altas estanterías.

- ¿Cree que se desvirtúa un poco por el hecho de ser canario?

- Sí, yo lamento decirlo pero nosotros los canarios no valoramos nuestros productos. Parece que ahora se le esta dando un mayor protagonismo a nuestros productos. El primer producto que más fuerza ha tenido es el queso majorero, pero hoy en día tanto aceite como vino como gofio estamos dando la talla y exportándolos por todo el mundo. Sobre todo aquellos productos de 'kilometro 0' como el mío que no se consigue en los supermercados. Esos son los productos que mas lejos llegan. El producto mío ha llegado incluso a Japón y también  Australia, Bélgica, Holanda… todos estos sitios cuando llega el gofio llega con familias que nunca lo han probado, si se llevan un gofio que no es el más adecuado se les pega al paladar y no quieren volverlo a probar, con el mío no te pasa eso porque esta hecho como se hacia antiguamente. Cuando se hacen las cosas con amor y con pasión siempre te saco un recuerdo del pasado porque el producto te va a llamar la atención.

- ¿Cuál es la importancia de apostar por lo local?

- Tenemos que ir al supermercado pero también a los pequeños comercios y preguntar como se elabora las cosas. En las familias tienen q estar sano. El productor tiene que pensar en las familias y en que todo este sano. Yo por ejemplo, al ser diabético los gofios crudos no me los puedo comer, menos aun si tienen sal. Un producto no tiene porque llevar sal ni conservantes. Mi gofio es todo natural, además tiene un beneficio que yo desconocía que es el carbón natural que tiene al haberlo cocinado a leña.

- ¿Proyectos por delante?

- La cebada es un cereal que se ha ido perdiendo y en Canarias ya casi no se cultiva. Actualmente, estoy unido a la Asociación Vitalis, que es a nivel mundial y tiene mucha fuerza en la agricultura. Hace un año comenzamos a cultivar en Vallebrón, Guisguey y Tetir, también en la Asomada y los Estancos, y vamos a ampliar en toda la isla cogiendo terrenos para cultivar, porque mi producción es pequeña pero el grano lo estoy trayendo casi todo de fuera, de Gran Canaria y de Tenerife. Estamos cultivando ya los granos, tenemos bastantes semillas para que ya los granos sean majoreros 100%, algunos de ellos ancestrales, como el trigo negro, trigo barbilla, trigo pelón, cebada pelona, la cebada fallía. Algunas de estas semillas son las mismas con las que trabajaron nuestros guanches y nuestros majos.